Recordando a Cristina Pacheco: “Estaremos juntos siempre”
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Foto: Cortesía de María Esther Espinosa C.
Por María Esther Espinosa Calderón
El 21 diciembre de 2023, murió la escritora Cristina Pacheco, una de las voces más entrañables de la televisión y literatura mexicanas.
El 21 diciembre de 2023, murió la escritora Cristina Pacheco, una de las voces más entrañables de la televisión y literatura mexicanas. Cronista que tocó las fibras más sensibles de su público y sus lectores, con sus programas de Canal Once: Aquí nos tocó vivir y Conversando con…, así como en su columna de los domingos en el periódico La Jornada con “Mar de historias”.
La noticia del fallecimiento de la periodista, a los 82 años de edad, consternó al mundo intelectual y político, a lectores y personas que han seguido su trayectoria desde el inicio de su carrera. Apenas el 1 de diciembre (de 2023) en su programa Conversando con… que pasaba los viernes por Canal Once, anunció su retiro del mismo.
Al despedirse del público señaló: “Es duro lo que voy a hacer, pero debo de hacerlo. Por razones de salud, graves razones de salud, tengo que suspender, al menos momentáneamente, estas conversaciones… hoy tengo que enfrentar algo grave a lo que me está enfrentando la vida; no exagero”.
Se le veía triste y conmovida, por un momento se le quebró la voz, algunas personas de su equipo apoyaron sus manos en sus hombros, ella respondió a ese gesto con cariño. Prosiguió diciendo “Necesito que el público que me hace favor de acompañarme que me entienda si me equivoco, si de repente se me van las palabras, si de pronto no sé decir las cosas”.
Agradeció al público que la acompañó por más de 40 años “… su presencia, su constancia, su apoyo, su solidaridad en este programa a lo largo de tantos años. Han sido, para mí, presencias vivas, mágicas. Son para mí seres queridísimos que forman parte de una familia, lo mismo que mis compañeros, a quienes quiero agradecer su apoyo, su solidaridad. Han estado conmigo en momentos muy difíciles como éste”.
La despedida de la periodista fue acompañada por los integrantes de la Orquesta Basura, última agrupación en presentarse en el programa. La conductora llegó a Canal Once en 1977, participó en varios proyectos, los más conocidos. Aquí nos tocó vivir y Conversando con...
“En este momento tan especial lo que quiero encontrar es la única respuesta que tengo, agradezco a la vida todo lo que me ha dado, conozco el amor, la amistad, la belleza del trabajo…
“Pocas cosas ha habido para mí tan maravillosas como llegar cada viernes a este estudio. No voy a decir como siempre, nos vemos el próximo viernes para seguir conversando, pero sí voy a decir, estaremos juntos siempre”.
El 3 de diciembre, se despidió también de los lectores de su sección “Mar de Historias” que se publicaba domingo a domingo en el periódico La Jornada. En Rayuela de ese día se lee: “Recibe un abrazo con nuestro respeto y solidaridad, querida Cristina”.
En la misma contraportada escribe la última publicación de su columna que tituló: “Ha sido maravilloso”: “A mis lectores y amigos les quiero agradecer su apoyo y su constancia a lo largo de 34 años que me han brindado su atención.
“Por otra parte, quiero informar que debido a mi precario estado de salud, tendré que suspender mis colaboraciones temporalmente en La Jornada, con mi sección dominical ‘Mar de Historias’. Gracias de verdad por su apoyo, ha sido maravilloso.
“Para la Directora de La Jornada, para mis compañeros, todo mi agradecimiento por su soporte y generosidad. A todos les deseo la mejor de las suertes”.
La periodista nació el 13 de septiembre de 1941, en San Felipe, Guanajuato. En su libro Sopita de fideo hace una pequeña semblanza de su vida: “Pertenezco a una familia dedicada a la agricultura y a la pequeña ganadería. El empobrecimiento del campo nos obligó a abandonarlo. Mi padre nos llevó primero a San Luis Potosí y más tarde a la Ciudad de México. La emigración familiar ocurrió en años en que venir a la capital representaba todo lo contrario de lo que hoy significa: posibilidad de obtener empleo, casa y sobre todo educación. Aquí hice todos mis estudios desde la primaria en la escuela “José Arturo Pichardo”, hasta cuarto año de letras españolas en la UNAM.
“Las perspectivas que nos ofrecían la vida urbana y el aprendizaje nunca nos apartaron realmente del pueblo ni del campo. El apego que mi padre sentía por la tierra, su inmenso amor y su eterna nostalgia de ella nos hizo concebirla como un sitio al que siempre podríamos regresar como a un último refugio.
Formó escuela con sus reportajes, artículos, entrevistas, crónicas y columnas donde mostró la otra cara de México: la de los olvidados.
“El D.F. me dio la posibilidad de estudiar en las escuelas públicas y de tener empleo, pero sobre todo me permitió ejercer mi única vocación: escribir. Desde hace años practico el periodismo, se me han abierto algunas de las infinitas puertas que dividen e incomunican a las muchas ciudades que integran la capital mexicana. Allí he escuchado las historias del pueblo, he visto su lucha heroica e ignorada, he sido testigo de su opresión, de su marginación y de su eterna esperanza.
“Los relatos que aparecen aquí se basan precisamente en esas historias. Mezcladas con mis propias experiencias e imaginaciones pretenden ser una manifestación de solidaridad al pueblo al que pertenezco, un testimonio de estos años difíciles y también un medio para captar los estilos de vida, los símbolos, las hablas populares, los últimos reductos de los mexicanos y mexicanas, que cada vez más despojados y empobrecidos, ahora ya solo pueden alimentarse con la tradicional SOPITA DE FIDEO”.[1] La finalidad de sus entrevistas era acercarse a los lugares en donde hubiera una expresión de vida, donde estuviesen personas que quisieran contarla.
En el programa Aquí nos tocó vivir, que se transmitía los sábados de las 21:00 a las 21:30 horas, presentaba historias a veces crudas, a veces bonitas, a veces sórdidas, a veces increíbles, a veces inimaginables, todas reales. Retrataba la vida cotidiana de las personas que no son escuchadas, ella les dio voz y rostro a quienes no lo tenían. «Yo no salgo a buscar historias felices, me gustan las reales, aquellas que me hacen valorar lo que tengo”. En 2010, la Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia y la Cultura (UNESCO) le otorgó el reconocimiento Memoria del Mundo de México, cuya finalidad es proteger y promover el patrimonio cultural de los pueblos, a través de la preservación, el acceso y la difusión de dichos documentos. “Se trata de un reconocimiento a la memoria de la gente, a la página de un álbum de familia, pues las historias más pequeñas son las más extraordinarias”.
El título del programa ya es parte del lenguaje cotidiano, quién no ha escuchado o no ha dicho en algún momento de su vida: «pues ya ni modo —como dice Cristina Pacheco— aquí nos tocó vivir”. Escuchó el sufrimiento de las costureras sobrevivientes del terremoto del 85, a los afectados por las inundaciones, a los niños/as del campo, al zapatero, al fundador de la colonia, a la modelo estadounidense que se enamoró de México y es propietaria de la tienda donde se encuentran todo tipo de botones, a los/as maquiladoras de los mismos, a las mayoras de los restaurantes de barrio o famosos; presenta lugares históricos o de tradición, los oficios heredados por varias generaciones, historias de hombres, mujeres y niños/as que ya se cuentan por miles.
La escritora recorrió un sinnúmero de barrios del antes Distrito Federal, ahora Ciudad de México y de algunos estados del país a donde llevaba las cámaras y micrófonos y preguntaba con calidez, con sencillez, a sus interlocutores para que contaran parte de su vida, de sus experiencias.
Para la periodista, «lo más bonito que le dejó Aquí nos tocó vivir ha sido conocer la sinceridad y la honestidad de personas que no quieren quedar bien con nadie ni pasar a la historia, sólo plasmar algo de su vida».
Los viernes en Canal Once en Conversando con… entrevistaba a personalidades de la música, la cultura, la política, activistas sociales y un sinfín de hombres y mujeres que cuentan su experiencia en su oficio o su profesión. Los domingos, las y los lectores del periódico La Jornada no se perdían, desde 1986, “Mar de historias”.
Cristina Romo Hernández, nombre original de Cristina Pacheco, se inicia en el periodismo en 1960, colaboró en diarios como Novedades, El Día, en la revista Sucesos para Todos con el seudónimo de «Juan Ángel Real”. En 1977 empezó a trabajar en Siempre!. Dirigió las revistas La Familia, La mujer de hoy y Crinolina.
Durante su carrera obtuvo varios reconocimientos, entre ellos, el Premio Nacional de Periodismo en 1985 en la categoría de entrevista; en 1986 por mejor programa de servicio a la comunidad, y en 1987 por la categoría de crónica; el Premio de la Federación Latinoamericana de Periodistas en 1988; el Premio Rosario Castellanos en 2012 y el Premio Bellas Artes de Literatura Inés Arredondo en 2022.
Entre sus libros destacan: Para vivir aquí (1983), Orozco, Iconografía personal (1983), Sopita de fideo (1984), Testimonios y conversaciones (1984), Zona de desastre (1986), Cuarto de azotea (1986), La última noche del tigre (1987), La luz de México (1989), Los trabajos perdidos (2013) y El eterno viajero (2016).
En 1961 se casa con el escritor José Emilio Pacheco de quien tomó su apellido, tuvieron dos hijas, Cecilia y Laura Emilia, la suya fue una historia de amor y letras. Al morir el poeta en 2014, le dedicó una despedida en su “Mar de historias”, que tituló “El eterno viajero”, aquí unos párrafos de tan emotiva carta:
“Para suplir nuestras interminables conversaciones, siempre que te ibas de viaje nos llamábamos y nos escribíamos cartas. Las hojas de papel nunca bastaban para que nos dijéramos lo que nos sucedía, a ti en un ambiente nuevo y a mí en el que conoces de sobra porque lo hicimos juntos. Por más cuidadosos que fuéramos siempre se nos olvidaba registrar algo.
“En cuanto abrí la puerta te grité el saludo de siempre, ya sabes cuál. Subí a tu cuarto rápido, como si estuvieras esperándome. No estabas, pero encontré la ropa que dejaste tirada, el encendedor que diste por perdido y la cachucha con que te protegías de la luz artificial ‘para ahorrar vista’, según tus propias palabras.
“Luego hice lo de siempre al mediodía: bajé a la cocina para hacer café. Aunque no lo creas resulta muy difícil y requiere de cierto valor preparar una sola porción de lo que sea cuando siempre has hecho dos. Con la taza en la mano salí al patio y puse a funcionar la fuente para que subiera el rumor del agua que te recuerda el mar.
“Hice una pausa. Me levanté del escritorio porque reapareció frente a tu ventana el colibrí que tanto te gustaba. Si él regresó, es imposible que no regreses tú”.[2]
Cristina Pacheco fue de las periodistas que abrieron brecha a las generaciones que le siguieron, para escribir no sólo en las páginas de sociales sino en las de ocho columnas o en la de editoriales. Formó escuela con sus reportajes, artículos, entrevistas, crónicas y columnas donde mostró la otra cara de México: la de los olvidados. Dio a conocer que hay otro mundo dentro con gente que sufre, que llora y a su manera goza y es feliz. Aquí nos tocó vivir, en este mar de historias. Bien lo dijo en su despedida “estaremos juntos, siempre”. Y para siempre Cristina Pacheco se quedó en el corazón de las y los mexicanos.
El 15 de junio de 2025, en el Museo del Estanquillo, su hija Laura Emilia Pacheco, presentó el libro Mar de historias, una antología de textos que recupera los mejores relatos publicados por la autora en su columna dominical de La Jornada. Cristina Pacheco dejó una huella imborrable en la cultura nacional.
Fuentes
[1] Pacheco, Cristina (1984), Sopita de fideo, Cal y Arena: México.
[2]Cristina Pacheco, El eterno viajero en https://www.jornada.com.mx/2014/02/02/politica/015o1pol, consultado 21 de diciembre de 2023.

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